Aquí el pasado tiene una mesa reservada
Algunos lugares guardan recuerdos; Casa Catedral te invita a cenar entre ellos. Lo primero que ocurre al entrar a Casa Catedral es que por unos segundos puedes olvidarte del menú. Frente a ti aparecen automóviles clásicos integrados al salón, antigüedades y paredes de piedra que hacen que el restaurante se sienta más como un museo que decidió poner la mesa.
Y no son simples adornos. Entre la colección se encuentra un Ford T de 1916 y otros vehículos que recuerdan los años dorados del automovilismo, dentro de un edificio histórico cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII. El resultado tiene algo especial: puedes acercarte a observar los autos, descubrir detalles, tomar fotografías y después sentarte a cenar rodeado de aquello que acabas de explorar. Esa es la verdadera diferencia de Casa Catedral. Aquí no visitas el museo primero y el restaurante después; ambas experiencias ocurren al mismo tiempo.
Una cena con banda sonora y sabor a otra época
La comida completa el recorrido sin quitarle protagonismo al escenario. Su propuesta combina sabores internacionales y latinoamericanos, con carnes, platos para compartir, cócteles y opciones de brunch; entre las favoritas de los visitantes también destaca su French toast. Pero hay noches en las que Casa Catedral se transforma todavía más. La música en vivo —con propuestas que incluyen boleros y son cubano— llena el salón y hace que los autos, las luces cálidas y las copas sobre la mesa parezcan parte de una escena de otra década.
Es fácil entender entonces por qué este restaurante funciona tan bien para un turista: no vienes únicamente a probar un plato, vienes a llevarte una historia y varias fotografías que difícilmente podrías tomar en otro restaurante del Casco. Casa Catedral demuestra que el pasado no siempre tiene que contemplarse detrás de una vitrina. Aquí puedes sentarte junto a él, pedir algo para comer y dejar que la historia acompañe la cena.