La historia del templo no comenzó en este edificio. La sede eclesiástica nació en Santa María la Antigua del Darién en 1513, pasó después a Panamá Viejo y volvió a trasladarse cuando la ciudad fue reconstruida tras la destrucción de 1671. En su ubicación actual, la construcción de mampostería comenzó en 1688 y se extendió hasta su consagración en 1796. Hoy, sus torres blancas y su fachada de piedra dominan uno de los costados de la Plaza de la Independencia; en ellas destacan incrustaciones de nácar y campanas históricas.
Del silencio del templo a los grandes acontecimientos
Entrar cambia el ritmo de la visita. En el interior se conservan el altar mayor, un Cristo Crucificado del siglo XVIII, vitrales y las criptas de obispos. La Catedral también acompañó momentos decisivos del país: desde sus escalinatas se proclamaron acontecimientos vinculados con 1821 y 1903. En 2014 recibió el título de Basílica Menor y, tras una profunda restauración, el papa Francisco dedicó su altar durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2019.
Visitarla es recorrer varios siglos en pocos pasos. Más que un templo monumental, es una historia que se trasladó, sobrevivió y creció junto con Panamá.