Iglesia de Santa Ana: Un templo levantado para el arrabal
Cuando la ciudad se trasladó en 1673, los habitantes fuera del recinto amurallado necesitaron su propio templo. Primero existió una modesta ermita de madera; la iglesia de mampostería comenzó a levantarse en 1757, con el apoyo económico del conde de Santa Ana, Mateo de Izaguirre, además de rifas y donaciones. Fue bendecida y consagrada en 1764. Allí recibieron los sacramentos generaciones del arrabal, entre ellas hijos de personas esclavizadas y de negros libres, haciendo del templo una pieza inseparable de la historia social del barrio.
Una iglesia que aprendió a resistir
Su aspecto actual también habla de supervivencia. Un incendio en 1854 destruyó el techo y gran parte del interior; un terremoto volvió a afectarla en 1867 y otro incendio causó daños en 1938. El edificio conserva rasgos de la arquitectura colonial panameña, con planta rectangular, muros de mampostería y elementos estructurales de madera. Frente a la Plaza Santa Ana, continúa funcionando como espacio religioso y punto de referencia para las comunidades cercanas, además de formar parte del tradicional recorrido de las siete iglesias durante Semana Santa.
Visitarla permite mirar más allá de su fachada: aquí la historia se entiende desde quienes vivieron fuera de las murallas y convirtieron el arrabal en ciudad.