Una iglesia que cambió de rostro sin perder su historia
Su origen se remonta al siglo XVII, cuando los franciscanos establecieron su iglesia y convento tras el traslado de la ciudad de Panamá. Sin embargo, su apariencia actual es muy distinta de la original. En 1918, el arquitecto Leonardo Villanueva Meyer transformó el templo incorporando elementos románicos, góticos y renacentistas. Su imponente campanario, de aproximadamente 25 metros, se convirtió en el punto más alto del centro histórico. Desde la Plaza Bolívar, sus arcos, detalles ornamentales y torre ofrecen una de las perspectivas arquitectónicas más llamativas de la zona.
Un tesoro artístico que volvió a brillar
El verdadero espectáculo continúa en su interior. El presbiterio conserva mosaicos de estilo veneciano elaborados con esmalte de vidrio y oro, cuya restauración contó con la participación del Estudio del Mosaico del Vaticano en 2015. Tras permanecer cerrada durante ocho años debido al deterioro de sus instalaciones, la iglesia reabrió sus puertas en marzo de 2016, recuperando su función religiosa y su valor patrimonial.
Entre el brillo de sus mosaicos y la majestuosidad de su campanario, cada rincón revela una etapa diferente de su historia. Visitarla permite descubrir cómo el arte y la arquitectura pueden devolverle la vida a un monumento centenario.
