Entras y el Casco cambia de sonido. Afuera quedan las calles históricas; adentro aparecen vasos que chocan, conversaciones cruzadas y ese aroma ligeramente tostado que anuncia que aquí la cerveza no es un acompañante: es la protagonista. La Rana Dorada nació en 2010 con su primer pub en Vía Argentina, pero fue en su llegada al Casco Antiguo donde la marca realmente comenzó a producir sus recetas. Por eso esta sucursal se siente como algo más que otro punto del mapa: es uno de los lugares donde tomó forma una de las cervecerías pioneras del movimiento artesanal panameño.
Una pinta nunca cuenta la historia completa
La mejor manera de entender la casa es probarla por partes. Una Pils puede empezar ligera; la Blanche cambia el ritmo con suavidad; la IPA sube el amargor, mientras Pale Ale y Porter llevan la experiencia hacia sabores más intensos. Entre una cerveza y otra aparecen pizzas, alitas y platos para compartir, mientras la madera, la luz cálida y el movimiento de las mesas hacen que la antigua casa se sienta cada vez menos histórica y cada vez más viva.
La Rana Dorada tiene ese raro talento de hacerte olvidar que entraste “solo por una cerveza”. Porque aquí no vienes únicamente a beberla: vienes a descubrir dónde una parte de la historia cervecera de Panamá empezó a servirse por pinta.