La historia del cacao se descubre piso por piso
La visita comienza con una señal de que este no será un museo convencional: un enorme candelabro construido con cientos de molinillos de chocolate recibe al visitante dentro de una casa colonial restaurada. A medida que subes, aparecen fotografías, utensilios, empaques antiguos, piezas de colección y pequeñas chocolaterías en miniatura que reconstruyen escenas de otras épocas. El recorrido conecta el origen americano del cacao, su importancia cultural y su transformación hasta convertirse en el chocolate que conocemos hoy. Incluso el edificio tiene memoria propia: durante su restauración aparecieron antiguas balas de cañón, escondidas entre los rastros históricos de la propiedad.
El museo donde la última sala se come
Y entonces llega la parte peligrosa para cualquiera que ame el chocolate: probarlo. Casa Coronel ofrece experiencias adicionales de degustación de bombones finos, guiadas para descubrir aromas, rellenos y texturas, además de un laboratorio donde puedes tostar, moler y templar cacao hasta fabricar tu propia barra. El recorrido también puede terminar en su terraza, con el Casco Antiguo extendiéndose alrededor.
Casa Coronel consigue algo delicioso: después de recorrerlo, un bombón deja de ser “solo chocolate”. Primero conoces su historia, después entiendes el proceso… y al final tienes permiso para comértelo.