El lugar donde un fracaso se volvió monumento
Antes de que los barcos cruzaran de un océano al otro, Francia intentó abrir el Canal de Panamá y no lo consiguió. Décadas después, Panamá decidió que aquella historia no debía desaparecer. En 1923, sobre el antiguo Baluarte de Chiriquí y junto a Las Bóvedas, nació Plaza de Francia como homenaje a quienes participaron en aquella primera gran tentativa. En el centro, un obelisco de 18 metros levanta sobre el cielo el gallo galo, símbolo francés. A su alrededor, los bustos de Ferdinand de Lesseps, Armand Reclus, Lucien Bonaparte Wyse, Léon Boyer y el panameño Pedro J. Sosa convierten la plaza en una especie de fotografía hecha de piedra.
Diez paredes, dos océanos y una historia que casi se hunde
Detrás de ellos, diez grandes paneles cuentan cómo empezó el sueño de cortar el istmo en dos para unir el mundo. Leerlos cambia la vista: el Canal deja de parecer una obra inevitable y se convierte en una historia de errores, enfermedades, pérdidas y persistencia. Después viene el contraste. Basta levantar la mirada y caminar hacia el Paseo Esteban Huertas para encontrarse con el Pacífico abierto frente al Casco Antiguo.
Y ahí Plaza de Francia revela su verdadero significado: no recuerda que todo salió bien. Recuerda que, a veces, hasta un fracaso puede convertirse en el primer capítulo de algo enorme.