Carnes al fuego, cócteles que acompañan la noche y un rooftop desde donde las luces de Ciudad de Panamá parecen formar parte de la cena. El Enemigo juega con su nombre desde el primer momento: aquí, el verdadero rival puede ser esa voz que dice que ya es hora de irse.
Mariscos, cocteles y una terraza abierta hacia el Pacífico hacen de Finca del Mar una parada para comer sin prisa. Su encanto está en combinar el ambiente relajado del Casco Antiguo con sabores que parecen hechos para acompañar una tarde cerca del mar.
Hay atardeceres que se miran y otros que cambian por completo el plan de la noche. En Vista Corona, el Casco Antiguo queda debajo, la Iglesia de San José entra en el paisaje y el cielo comienza a pintarse mientras una copa fría espera sobre la mesa.
Hay lugares donde el mar se contempla y otros donde termina en la mesa y en la copa. Caleta toma la esencia del Pacífico, la combina con creatividad y la convierte en una experiencia elegante escondida entre las calles históricas del Casco Antiguo.
Hay hoteles desde los que visitas el Casco Antiguo y otros que parecen formar parte de él. En Sofitel Legend, abres el balcón, entra la brisa del Pacífico y cuesta decidir qué mirar primero: el mar, los tejados históricos o los detalles de un edificio que lleva más de un siglo viendo pasar Panamá.
Capitán Bahía lleva el sabor de la costa panameña a Galería Solar con ceviches, pescado fresco y mariscos servidos sin complicaciones, entre arte, vegetación y un ambiente relajado.
Nació fuera de las murallas y creció junto a quienes daban vida al antiguo arrabal. La Iglesia de Santa Ana cuenta la historia de una comunidad que construyó su propio centro de fe.